Entrada Módulo 20. Síndrome del arnés (trauma por suspensión).
INTRODUCCIÓN
En la actualidad se ha
generalizado el uso del arnés en actividades como son la escalada, la
espeleología o el barranquismo. La utilización del arnés no está exclusivamente
limitado a la práctica deportiva, puesto que también se utiliza como sistema de
seguridad en el mundo laboral para realizar trabajos expuestos como son los
trabajos en la construcción, poda de árboles, torres de tendido eléctrico y en
general los trabajos que se realizan en zonas elevadas en las que hay riesgo de
caída. Aunque el uso se va generalizando, desgraciadamente, todavía una de las
causas principales de fallecimientos en el mundo laboral, son los accidentes
por precipitación desde lugares elevados. Los motivos hay que buscarlos en
trabajadores provistos de material inadecuado, mal utilizado o aún peor, inexistente.
También el reciente
desarrollo y creación de empresas para trabajos relacionados con la
verticalidad (empresas de trabajos verticales) y la popularización de los
deportes de aventura, han aumentado el uso del arnés como método de protección.
La caída de una persona sujeta por un arnés y su detención posterior puede no
ser la parte más peligrosa del accidente. Después de la caída, si los sistemas
de anclaje y el arnés han “aguantado”, viene la fase de suspensión. Esta, puede
ser potencialmente muy peligrosa, especialmente si a consecuencia de ella la
víctima queda inconsciente o sin posibilidad de moverse, por el motivo que sea.
A principios de los años 1980, la publicación de fallecimientos en individuos aparentemente
sanos, principalmente relacionados con la espeleología y que fueron hallados muertos
suspendidos de sus arneses sin aparente traumatismo, intrigó a varios investigadores.
Inicialmente estas muertes se atribuyeron al síndrome “fatiga-hipotermia”; pero
el hallazgo de ciertas publicaciones de medicina laboral, relacionadas con los
sistemas de protección de caídas y la posterior realización de ensayos clínicos
específicos, modificaron las primeras conclusiones.
Los trabajos
experimentales realizados con voluntarios sanos demostraron la gravedad de la
suspensión inerte con arnés y se definió al conjunto de síntomas que padecían
los voluntarios como “Síndrome del Arnés”. El desarrollo de este síndrome puede
llegar a constituir un riesgo vital para aquellos deportistas o trabajadores,
que tras una caída quedan suspendidos por un arnés, inconscientes o con
imposibilidad de moverse y no son rescatados rápidamente.
FISIOPATOLOGÍA
Las numerosas referencias
bibliográficas expuestas sobre los efectos de la suspensión en posición vertical
e inmóvil, como en posición inerte e inmóvil, establecen sin ninguna duda la existencia
del trauma de la suspensión o síndrome del arnés. La explicación más convincente
de todo lo expuesto es la aparición de una importante alteración de la
circulación sanguínea, fundamentalmente en el retorno venoso. La compresión de
las correas del arnés parece tener un papel menor. La ausencia de movilidad en
esa posición es la causa precipitante de todo el cuadro fisiopatologico. La
compresión arterial quedó descartada en la mayoría de las experiencias, por la
persistencia de pulso periférico en todas las extremidades.
Los alpinistas y
espeleólogos experimentados saben que la suspensión durante tiempo prolongado
de un arnés no tiene más consecuencias que las molestias ocasionada por la presión
de las correas del arnés sobre los puntos de contacto. La movilización de las
piernas y los cambios de posición de estas, hacen que esta actividad se pueda
realizar mucho tiempo sin complicaciones. El problema radica cuando por alguna
razón alguien queda inconsciente o no puede moverse en esa situación. Es
entonces, cuando el sistema venoso (sistema de capacitancia), especialmente de
las extremidades inferiores, queda por así decirlo “secuestrado”. En esta situación,
una parte del volumen sanguíneo no puede retornar al corazón.
El síndrome del arnés
es una patología que precisa de dos requisitos imprescindibles para su
aparición: suspensión e inmovilidad. La inmovilidad puede darse en personas conscientes,
que al quedar agotadas quedan suspendidas en posición inerte al ceder la
tensión de los músculos abdominales y también en víctimas, que como
consecuencia de la propia caída o de un traumatismo hayan quedado
inconscientes.
El “secuestro”
sanguíneo en las extremidades produce una disminución de la precarga del
ventrículo derecho, caída del gasto cardiaco y disminución de la presión de
perfusión cerebral. La pérdida de conciencia se puede producir rápidamente, y
si el síndrome progresa puede provocar la muerte al accidentado. La rapidez de
presentación de los síntomas tiene componentes individuales. Algunos
accidentados pueden presentar en las fases iniciales del síndrome síntomas presincopales
como: náuseas, vértigos, zumbidos auditivos, sudoración, pérdida de visión etc.
La situación descrita puede englobarse en los “shocks hipovolémicos por
secuestro”. En el caso que nos ocupa, el secuestro de sangre es más evidente en
las extremidades, especialmente en las inferiores. Durante la fase de acumulo
de sangre, las víctimas suelen sentir en las extremidades: parestesias,
hormigueos, dolor, pérdida de sensibilidad e incluso aumento del tamaño de estas
por edematización. La caída del gasto cardiaco como consecuencia del secuestro
periférico de volumen sanguíneo provoca un cuadro de shock similar al
hipovolémico, con la consiguiente hipoxia tisular. Aunque en las fases
iniciales del shock puede haber un intento compensador con liberación de
catecolaminas, si este mecanismo falla, se pasa a una fase de shock progresivo
donde la isquemia-hipoxia cerebral por caída de la presión de perfusión
cerebral produce la pérdida de la conciencia. La progresión del shock puede
producir la muerte al accidentado.
La hipótesis del
sufrimiento hipóxico ya fue expuesta por Pastcheider y Fodisch en el año 1972
en el Segundo Congreso Internacional de Médicos de Rescate en Montaña. Petermeyer
y Unterhalt en 1997 volvieron a insistir en la hipótesis del sufrimiento
hipóxico tras estudios histológicos en víctimas por síndrome del arnés. Estos
últimos autores también coincidían en el mecanismo compensatorio de la
liberación de catecolaminas y si la evolución era irreversible, el deterioro de
la microcirculación, con daño endotelial y coagulación intravascular diseminada
(CID).
Las correas del arnés
no parecen que ejerzan una compresión arterial importante. Aunque sí parece que
la hacen sobre los nervios. Las parestesias que describen los accidentados
podrían ser el resultado de la compresión directa de las cintas del arnés con alteración
local de la circulación sanguínea y con la consiguiente isquemia nerviosa en la
zona de apoyo. A pesar de esto no se puede descartar que el efecto de la
presión que ejercen las correas no contribuya al inicio y posterior
mantenimiento del shock. Para Orzech et al. la causa del síncope era una
respuesta vaso-vagal por el dolor ocasionado por las cintas del arnés, bien
tras una suspensión prolongada o después de una caída. La bradicardia,
hipotensión y síncope serían el resultado de una estimulación parasimpática.
Otros autores han sugerido que una vasodilatación importante de las arteriolas del
músculo esquelético podría contribuir a la hipotensión.
Desde las primeras
referencias al síndrome del arnés, se han descrito fallecimientos en víctimas
que fueron rescatadas vivas. En algunos casos el fallecimiento se producía inmediatamente
después del rescate, en otras horas más tarde y en algunos casos, transcurridos
varios días. La muerte inmediata al rescate, “muerte del rescate”, podría
deberse a una sobrecarga aguda del ventrículo derecho por retorno masivo de la
sangre acumulada en las extremidades durante el tiempo de suspensión, al
colocar a la víctima en posición horizontal tras el rescate.
Sin embargo, algunas de
las muertes se produjeron pasadas casi 24 horas o hasta once días después del
rescate. Estas muertes “tardías” podrían ser consecuencia a una disfunción multiorgánica
consecutiva a un estado de shock mantenido. Lloyd atribuye la causa de estas muertes
tardías a un fracaso renal agudo. El fracaso renal sería debido a una situación
similar al “síndrome de aplastamiento. En la fisiopatología de este síndrome,
el papel de la rabdomiolísis ha quedado ampliamente demostrada, como también ha
quedado demostrada la relación entre fracaso renal agudo y rabdomiolísis. Al
igual que en el síndrome del arnés, en el síndrome de aplastamiento la isquemia
no es un factor determinante y sí lo es, la presión e inmovilización mantenida
en el tiempo.
La hipótesis de la
relación entre el síndrome de aplastamiento y síndrome del arnés ya fue
avanzada por Amphoux, Bariold y Théry en la década de los años 80.
El síndrome de
aplastamiento podría definirse como un cuadro de shock hipovolémico, con
hiperpotasemia, mioglobinuria y alteraciones metabólicas secundarias a la
rabdomiólisis producida por la presión mantenida sobre el músculo durante
tiempo prolongado. Sin tratamiento adecuado y precoz, evoluciona hacia el
fracaso renal agudo. El paso a la circulación general de las sustancias
originadas por la necrosis muscular (potasio, mioglobina, tromboplastina,
lactatos, fosfato, creatinina, creatinquinasa y precursores de las purinas) son
factores primordiales para el establecimiento del síndrome.
A semejanza del
síndrome de aplastamiento, cuando una víctima desíndrome de arnés es rescatada
y colocada en posición horizontal, las sustancias mencionadas podrían pasar a
la circulación general (síndrome de isquemia-reperfusión). Este fenómeno de
isquemia-reperfusión puede provocar el paso rápido de algunas sustancias como
el potasio y la hiperpotasemia ser la causante de arritmias letales (muerte de
rescate). La hiperpotasemia pues, podría ser la causante de las muertes tardías
descritas en la literatura. La irrupción de otras sustancias como la
tromboplastina podría ser el origen de cuadros de coagulopatía de consumo (CID)
hallados en algunos fallecimientos tardíos.
TRATAMIENTO
DEL SÍNDROME DEL ARNÉS
1. Fase
de Rescate
El síndrome
de suspensión o síndrome del arnés, es una patología que sólo se desarrolla
cuando la víctima se encuentra suspendida e inmóvil. El primer objetivo
terapéutico es rescatar a la víctima con vida. El rescate rápido se impone ante
cualquier otra maniobra.
Numerosas
publicaciones describen fallecimientos a los pocos minutos del rescate (muerte
del rescate), tras colocar a los accidentados en posición horizontal. La
etiopatogenia más probable de la "muerte del rescate" es la
sobrecarga aguda del ventrículo derecho, por aflujo masivo de la sangre de las
extremidades inferiores, cuando el accidentado es colocado bruscamente en
decúbito supino.
Para
Sheehan y Dawes y las maniobras de reanimación avanzada que incluyen oxigenoterapia,
fluidoterapia, pantalón antishock (MAST), etc. son imposibles de realizar durante el rescate.
Estos autores recomiendan colocar a las víctimas en posición horizontal lo más rápidamente, siguiendo las recomendaciones que
se siguen en pacientes en estado de shock o
con problemas en la vía aérea. Pero esta opinión es discutida por la mayoría de
los investigadores ante la existencia de casos
de la “muerte del rescate”, cuyas causas han sido enunciadas
anteriormente.
Todos los autores están
de acuerdo en evitar la posición totalmente vertical durante el rescate.
Tras el rescate,
recomiendan colocar a la víctima en posición semisentada, en “cuclillas” o
agachada. En caso de victimas inconscientes, una vez que la permeabilidad de la
vía aérea está controlada, la posición fetal (alternativa a la posición lateral
de seguridad) puede ser la ideal. Se recomienda mantener esta posición unos 20
a 40 minutos y posteriormente pasar gradualmente a la posición horizontal. El
objetivo de esta maniobra es evitar la sobrecarga aguda del ventrículo derecho
por aflujo masivo de la sangre acumulada en las extremidades.
Durante todo el proceso
de rescate es esencial monitorizar de las constantes vitales y seguir las
técnicas de soporte vital básico y avanzado, según las recomendaciones del European
Resuscitation Council.
2.
Transporte
Ante la
presencia de sintomatología (entumecimiento de las piernas, parestesias, etc) que
hagan sospechar lesiones asociadas o un posible agravamiento, se recomienda el
traslado a un centro hospitalario dotado de Unidad de Cuidados Críticos.
• El traslado debe ser rápido.
• La víctima debe estar acompañada en todo momento de personal
sanitario entrenado en técnicas de reanimación avanzada que dispongan de
material específico (transporte medicalizado).
• Si el accidente ha surgido en lugares alejados de un centro
sanitario (montaña) se barajará posibilidad que la víctima sea evacuada en
helicóptero.
• Si durante el transporte hasta el centro sanitario la víctima
presenta hipotensión, es preferible la administración de fármacos vasoactivos a
la reposición volémica masiva.
• Es aconsejable el control de la glucemia, especialmente si el
agotamiento ha sido el desencadenante del síndrome del arnés.
• No se deben olvidar las posibles patologías asociadas que pueda
presentar la víctima como: TCE (Traumatismos Cráneo Encefálicos), traumatismos
torácicos, fracturas en extremidades, deshidratación, hipotermia, etc.
• En pacientes politraumatizados es imprescindible una analgesia
adecuada y una correcta inmovilización de las fracturas.
3.
Tratamiento hospitalario
Si tras la
valoración primaria en el centro hospitalario, el estado de la víctima presenta
datos razonables de posible agravamiento posterior, la norma es el Ingreso en
una Unidad de Cuidados Críticos para vigilar las constantes vitales y tratar
patologías asociadas que puedan comprometer la vida del paciente: insuficiencia
renal por rabdomiolísis, politraumatismos, etc.
M.
Avellanas Chavala et al. (Se desconoce). Síndrome del Árnes. España: Se
desconoce.
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